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Sabemos que la vida natural incluye unos ciclos necesarios para la vida humana: primavera, verano, otoño e invierno. Mas cuando hablamos de los tiempos en el KAIROS de Dios, debemos referirnos a temporadas, estaciones, momentos y “de repentes”. Por ser tiempos vistos en el contexto espiritual, las estaciones del alma no están sujetas a edades, ni tiempos, ni lugares. Pero igual que los ciclos naturales, es inevitable que los ciclos espirituales nos lleguen a todos en algún momento en la vida.
De igual manera que en cada temporada natural de la vida tomamos previsiones y hasta cambiamos nuestra manera de vestir (por frío o por calor), las temporadas espirituales de nuestra alma también tienen sus particularidades y unas estrategias para vivirlas a plenitud.
INVIERNO – Podemos identificar esta temporada con esos periodos de soledad, desamparo, falta de amor y comprensión. Los embates helados de la vida, de las decepciones y las pérdidas valiosas nos dejan el alma al descubierto. Tiempos de enfermedad y vulnerabilidad. Clamamos por abrigo, por cobertura, por la calidez de un abrazo, por una palabra de aliento. El usurpador nos ha arrancado las ropas y estamos vulnerables. Quedamos paralizados de temor. Entonces, ¿Cómo se sobrevive el invierno?
¡Ampárate en el ALTO REFUGIO!. Es tiempo de acallar el alma, de las esperas, de los silencios. Son tiempos de intimidad, de búsqueda de lo alto, de nutrir el alma y el espíritu con Su Presencia y Su Palabra viva mientras pasa el frío, la ventisca helada y las lluvias. Temporada de descansar de la fatiga del alma y alimentar el espíritu para prepararte para la Primavera. Si los inviernos no llegasen a nuestras vidas, podríamos olvidar la calidez del más alto refugio: nuestro Padre Dios. Allí escondidos estamos seguros, mientas somos fortalecidos.
VERANO – Son esos tiempos candentes de verano, de oposición y lucha. Parece que todo viniera contra nosotros. Nos fatigamos y clamamos por la sombra dulce. Nos quema la sed de justicia. Clamamos por una tregua que parece no llegar. Tiempo de persecución y prueba. Enfrentamos gigantes. De nuevo el usurpador levantándose para robarnos. ¡Nos quieren quitar el botín!!! ¿Cómo se sobrevive al verano?
¡Ajustando mi armadura! – yelmo y escudo; espada. El yelmo bien ajustado impedirá que pensamientos destructivos e insanos hagan surcos y caminos en nuestra mente. La FE nos permitirá accesar al depósito de Su Palabra y sus promesas y provisiones para contrarrestar los dardos que nos envía el enemigo a la tierra de la mente. La espada, que es Su Palabra, se hará efectiva y poderosa en la medida que la conocemos y la podemos declarar con autoridad y seguridad sobre nuestra vida.
OTOÑO – Los árboles se deshojan; parece ser un tiempo de poda en nuestas vidas. Tiempos de renovación y muda. Nos desprendemos de cosas. Sacamos lo que pesa demasiado. Pareciera que hemos quedado sin nada. Debemos morir y renunciar; SOLTAR lo que pesa y nos impide avanzar. Decisiones cruciales. ¿Cómo sobrevivo al otoño?
¡Soltando Equipaje! Esto incluye culpas, problemas de otros, dogmas,
religiosidad, traumas, relaciones tóxicas, dolores del pasado. Y esos dolores se remueven exponiéndolos, confrontándolos. Así se les quita poder. Soltar equipajes es tambié remover fortalezas, patrones, hábitos, formas y estrategias humanas. A veces no nos damos cuenta que los patrones que hemos adquirido pueden castrarnos la vida y los sueños. En esas renuncias podemos sentir que se nos va la vida. Sangramos y lloramos por gente y cosas que se van de nuestra vida; pero que es necesario que así sea. Cuando por fin te llegue la primavera, entonces lo comprenderás claramente.

PRIMAVERA –La primavera es sin duda una de las más hermosas estaciones. Alegría, olores, colores brillantes y el sol radiante; días largos y frescos. Espiritualmente se le relaciona con tiempos de victorias, de alegría, de metas alcanzadas, de plenitud en Dios. La alegoría más hermosa la hace el libro de CANTARES 2:10 a 14. Debe ser la meta de todo ser humano vivir en una eterna primavera, donde no escaseen los frutos y el tiempo de la canción. La primavera espiritual es un estado de plenitud, de gozo y de paz que una vez llega no vuelve a irse. Podrá azotar la ventisca invernal, podrán llegar las calores sofocantes y sequías del verano, y los deshojes del otoño; pero si tu primavera llegó a tu vida luego de toda la preparación que tuviste en las estaciones anteriores, NO te moverán. No impedirán que tu sol sea radiante, y que las canciones de tu alma sean escuchadas.
La primavera espiritual es…

Una nueva mente porque ha sido renovada. Opera en ti la mente de Cristo; sus altos pensamientos, sus nobles intenciones, su creatividad.

Ahora tienes una nueva forma de hablar. Ya no caben la queja, ni la excusa, ni el juzgar, ni murmurar. Hablas lenguaje de reino; lenguaje de victoria.

Nuevas ropas; una nueva capa que te identifica como hijo, rey y sacerdote. Hija, reina y sacerdotisa.

Un nuevo enfoque en el Reino y Su Propósito; no en mí, ni en mi agenda. Todo es por él y para él.

Una pasión renovada. Ahora eres plantío de Dios. Tus frutos abundantes son para dar, bendecir y servir. Una vez floreces, no vuelves a deshojarte. Tus frutos no cesan, pues se reproducen constantemente.

El secreto para vivir una primavera eterna es mantenerte conectado a la fuente del agua de vida.

Salmo 1:3 lee: “Será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará”.

Salmo 92:14 –“Aún en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes…”

¿Crees saber en qué estación se encuentra tu alma?

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