Prude
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Se acaba de celebrar la Semana de la Mujer, y quisiera hablar de Prude. Una dama callada que conocí hace algún tiempo y que me la presentó una vez mi padre. Por la forma en que mi padre me hablaba de esa dama cuando era niña, percibí por algún tiempo que era algo misteriosa.
Tuve la oportunidad de conocerla bien porque siempre estaba presente en los asuntos de mi familia; algo así como una nana, una maestra que prácticamente vivía en mi casa cuidando de todos. Cuando pude conocerla de manera más cercana e íntima, la pude entender y quería ser como ella. Su mirada siempre era afable, y su sonrisa nunca fue muy abierta, ni estruendosa. Era una dama exquisita; su rostro era el de una persona brillante, cauta, seria; pero amable. No hablaba mucho, a menos que le preguntasen algo. Me llamó mucho la atención su voz porque era diferente. Una voz profunda, pero suave a la vez.
Doña Prude usaba guantes blancos, que me dijo mami que eran de seda. Su ropa era sobria y sencilla, pero elegante. Me gustaba desde niña acercarme a ella y sentarme a su lado para escucharla. Siempre olía rico. Ella me sonreía abiertamente y de vez en cuando me extendía sus manos enguantadas para que las tomara y caminara junto a ella por el jardín de la casa. Papi y mami me dejaban ir a todas partes con ella. Era tan delicada en sus maneras; y eso me impresionaba mucho.
En esas conversaciones que tuvimos aprendí de ella cosas que nadie ha podido enseñarme. Una vez le pregunté por qué usaba guantes, y por toda respuesta me dijo que algún día lo entendería. Le pregunté en otra ocasión por qué siempre estaba solita, si es que no le gustaba tener amigos. Ella rió a carcajadas por mi ocurrencia. “¡Pero si tú eres mi amiga!”, me respondió. “Y a tu papi y a tu mami los he conocido desde siempre. ¿Sabes? No suelo tener muchos amigos, pero los que tengo, son amigos de verdad”.
De Prude aprendí a observar sin juzgar. A no hablar si no es necesario. A no llegar donde no he sido invitada. A no ofender. Esa linda dama impactó mi vida y es mi amiga hasta hoy. No he conocido a una dama tan exquisita como Prudencia. Me ha enseñado secretos de vida y de eternidad. A amar la sabiduría y el buen nombre. Entendí lo de los guantes blancos. Tengo que ser suave como la seda, delicada al tocar el alma de los demás. De pocos amigos era porque no por todos es comprendida; pero quien la llega a conocer, jamás la abandona. Ella es y será mi exquisita amiga por siempre.

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