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Esa casita en el campo, en los altos de mi mamita, la viví por ocho años. La construimos de prisa, buscando un respiro de la ciudad. Mi esposo había sufrido tres asaltos en su negocio de gasolinera, y luego de venderla, quería y necesitaba un cambio. Qué mejor que una casita en el campo. Fue un tiempo de sanación, de disfrutar las cotidianidades simples de la vida… Esa casita también llegó a ser refugio de muchos.

Esos años en la casita fueron tiempos renovadores, felices, sencillos… ¡Inolvidables!  Y en estos días, pasados ya varios años de haber comprado casa en la ciudad, tuve que volver a meterme en mis baúles y gavetas. En un espacio de la casita había dejado guardados anaqueles y cajas de manuales, libretas, carpetas…. Debido a la destrucción de la casita, que fue seriamente afectada por el huracán María, urgía subir allí a bajar cosas de para el trabajo que se va a hacer. La casita terminará de ser derribada, llevándose vivencias, secretos y memorias.

Encontré tesoros que había dejado “olvidados”. Tan guardados que hasta se habían escondido en mis memorias. Y volver a mirar esas libretas cargadas de pensamientos, sueños, visiones, coloquios con Dios de hace tantos y tantos años, me han hecho ver una vez más con asombro lo estratega que es Dios. No se escapa nada de su mirada. Nada de lo que él ha dicho dejará de cumplirse.  Cosas habladas por mi Padre Dios aún desde antes de la casita existir, todas guardadas en papeles ya amarillentos y desvencijados, hoy, tantos años después, se han cumplido de forma asombrosa. Me parece que otro libro acaba de “nacer”; uno de memorias guardadas, de cumplimientos gratos, de coloquios y secretos entre Padre e Hija.  Esos secretos han venido hilvanando un destino, unas sendas que sin saberlo he venido recorriendo, y que hoy se desplegan como realidad preciosa del Hacedor de nuestras vidas. ¡EL CUMPLE SUS PROMESAS!

Salmo 139: 13- 16

Porque tú formaste mis entrañas; tú me hiciste en el vientre de mi madre.  Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien.  No fue encubierto de ti mi cuerpo, bien que en oculto fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra. Mi embrión vieron tus ojos, y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar una de ellas.

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