Confianza en Dios
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Juzgamos y medimos con el crisol de nuestra mente humana.   Nuestros paradigmas, espectativas, criterios y formas de actuar tienen su fundamento en nuestra formación única a partir de una muy temprana edad.  Desde antes de nacer ya nuestra psiquis ha estado recibiendo información.   Y es esa forma en que hemos aprendido a  ver y entender la vida  lo que determina nuestra forma de entender a Dios.

Como compartía en fecha reciente en mi iglesia, todos hemos estado alguna vez en “la sala de espera” de Dios, aguardando una respuesta, esperando dirección, un milagro quizá, una acción de parte de él.   Se nos ha enseñado que solamente él es todopoderoso para hacer lo que para nosotros es imposible, y eso no tiene discusión.   Sabemos que nuestro Dios todo lo ve, lo sabe y lo puede.

Quizá más de una vez te has sentido desalentado porque la respuesta a tu oración no llega; aparentemente se tarda.   Mas te diré algo: siempre que lo que pides cumpla con los siguientes criterios, te aseguro que llegará:

  • PRIMERO: que no es un mero capricho.   A veces pedimos cosas que no tienen otro fin que darnos puro placer y vanagloria.    Por ejemplo,   quizá necesitas un auto, pero de entrada no tiene que ser un lamborghini, o un BMW del año.   Esto lo que hará es endeudarte y,  en consecuencia,  quitarte la paz.   Ya cuando puedas adquirirlo por tus medios y sin complicaciones, es otro asunto.
  • SEGUNDO: que no va en contra de lo establecido en sus mandamientos y principios. No vas a recibir respuesta a este tipo de pedido, pues Dios no se contradice.   El ejemplo que siempre uso es el de pedir a Dios que la pareja de otra persona te la conceda a ti, y mucho menos si esa persona está casada.  Lo correcto es pedir que Dios atraiga a tu vida a una persona ideal, que venga a añadir a tu vida.
  • TERCERO: El se asegurará de que estás preparado para manejar el compromiso inherente a lo que pides.  De la misma manera que como padre no le darías a un niño de cinco años una motora,  él tampoco traerá aquello para lo cual no estás maduro aún; y que lo que puede traer es problemas a tu vida.
  • CUARTO: No llegará en tu tiempo KRONOS, sino en su perfecto KAIROS.   Medimos los tiempos en horas, días, semanas y años; pero el tiempo de Dios no es así.   Sus respuestas llegan en “momentos, temporadas, estaciones, en “de repente’s”.    El sabrá cuándo estás listo para recibir tu respuesta.  Tranquilo; él también sabe la urgencia y la necesidad.   También conoce toda la situación que te rodea.  Créeme:   NUNCA llega tarde.  ¡Nunca!
  • QUINTO: que bendecirá tu vida; tanto cuando te conteste, como mientras esperas.   Mientras estás en esa “Sala de Espera”,  permitirá que tu carácter crezca y madure.  Que aprendas lecciones de vida permanentes y que tus prioridades sean ajustadas.   Todo obra para bien para aquellos que le aman y han sido llamados para Su Propósito; y aún durante la espera,  serás grandemente bendecido y fortalecido.
  • SEXTO: que lo que pides es parte de tu diseño y tu misión.   A veces pensamos que primero tenenos que recibir los recursos y todo lo que estamos pidiendo para cumplir con un llamado o una misión de vida;  pero te diré lo que he aprendido en el camino:   tenemos que comenzar dando pasitos de fe.   Entonces, mientras él ve la pasión y el compromiso que estás poniendo en lo que haces durante el trayecto,  él va abriendo puertas y haciendó provisión perfecta y pertinente.
  • SEPTIMO: que es para honra de él.   Cuando hemos sido llamados para una misión de vida,  debemos tener el enfoque de que es para bendecir a otros y para que Su Nombre sea exaltado a través de nosotros.   En el momento en que nuestro enfoque se vierta en nosotros mismos,  las cosas se detendrán y a veces sentirás que “el cielo se pone como de bronce”.

Quizá hay más cosas que podríamos añadir a  todo esto; pero considero más importante añadir lo siguiente.   Nuestro Dios lo sabe todo.   Nos escucha cuando nos acercamos a él con sinceridad y como hijos.   No cambia de humor, ni de ánimo, como nosotros.   No tiene favoritos, sino íntimos que se le acercan y le buscan con pasión y gratitud.   Es accesible a todos los que le buscan.   Ama y anhela que le busques con toda confianza.   No hay que venir ante él con poses, ni argumentos.   Solamente nuestra fe, obediencia y  gratitud pueden impresionarlo  ¡El nos creó y nos conoce mejor que nosotros mismos!  Su amor para nosotros no tiene sombra de variación.   No dependerá de lo  bueno que intentemos ser, pues es algo que él sabe que es sumamente difícil.   Siempre se basará en Su Justicia, que es el fundamento de Su Amor.   No hay maldad en él, ni la actitud de hacerse derrogar, o hacerse “el difícil”.    Su amor es incalculable e incondicional;  su misericordia no tiene límites, ni caducidad.    ¡Es eterna!  Somos sus hijos; su hechura.

Confía plenamente.   Descansa en que él sabe lo que es mejor para ti y cuando deberá dártelo.   No te “boicotees”  expresando dudas o quejas.   Como dice mi pastor Alberto Rosario, sus promesas ahora son mi herencia.  La duda puede asaltarte por momentos.  ¡Claro que sucederá!  Mas no la expreses verbalmente; no cuestiones.  Por el contrario, reitera, repite y reafirma a viva voz lo que dice Su Palabra, que no miente. Todo lo que he recibido en mi vida tuvo su tiempo de siembra y de espera, incluso de largos años; pero ha llegado, y he podido decir con asombro: “Gracias, Padre, porque llegó justo cuando tenía que ser”.    Antes no hubiese sido igual.

Celebra mientas lo recibes.   Sigue viviendo, creciendo y siendo agradecido.   Dale gracias por lo que él hará y cómo lo hará.   El nunca llega tarde; y cuando menos lo esperes, llegará ese “de repente” precioso y glorioso que has estado esperando.

Foto: Ben White – Unsplash

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